Figura 1. A la vista de la noticia de prensa y del
gráfico adjunto (pirámide de población de España en 2021), comente
conjuntamente estos materiales, atendiendo a:
a)
Estructura, composición por sexos y por edades.
b)
Las causas que explican esta pirámide.
c)
Las consecuencias demográficas, sociales y
económicas.
a)
Estructura, composición por sexos y por
edades.
La pirámide de población
de España en 2021 presenta una forma de «campana» o «bulbo». Es un tipo de
pirámide regresiva, característica de las sociedades avanzadas que se encuentran
en un régimen demográfico moderno.
En cuanto a la composición
por edad, esta pirámide se caracteriza por un descenso de la natalidad que se
aprecia en su base estrecha. La población joven (0-14 años) muestra una anchura
reducida, reflejo de las bajas tasas de natalidad registradas desde la segunda
mitad de los años ochenta del siglo XX y, especialmente, durante la crisis
económica de 2008-2014, que frenó la formación de nuevas familias.
En el gráfico, predomina
la población adulta (14-64). El cuerpo ancho en las cohortes de 35-55 años corresponde
a los nacidos durante el baby boom de las décadas de 1960 y 1970, período de
fuerte crecimiento demográfico en España. Estas cohortes representan el grueso
de la población activa.
En lo que respecta a la
población anciana (65 y más), observamos un ensanchamiento en la cúspide consecuencia
del aumento de la esperanza de vida (España es uno de los países con mayor
longevidad del mundo, superando los 83 años de media) y de la llegada a la
vejez de las generaciones del baby boom.
En cuanto a la estructura
por sexo, en los tramos superiores (mayores de 75-80 años) las mujeres superan
claramente a los hombres, resultado de la mayor esperanza de vida femenina. En
los tramos jóvenes y medios la diferencia es menor, aunque siempre nacen más
niños que niñas (105-100) por razones biológicas.
b)
Las causas que explican esta pirámide.
El descenso sostenido de la natalidad se debe a que España
presenta una de las tasas de fecundidad más bajas de la UE (en torno a
1,16-1,19 hijos por mujer en 2021), muy por debajo del umbral de reemplazo
generacional (2,1 hijos por mujer). Este descenso se aprecia desde el año 1981,
en la cohorte de los 35 a 39 años y las siguientes. Las causas que justifican este descenso son la
incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, la generalización de los métodos
anticonceptivos, el aumento del nivel de estudios, el retraso en la edad de
maternidad (primera maternidad en torno a los 31-32 años), la precariedad
laboral y el coste de la vivienda, entre otros.
Sin embargo, en la cohorte de10 a 14 años, correspondiente a
los nacimientos entre 2006 y 2011, se aprecia un ligero aumento de la
natalidad. La causa de esta situación se debe a la inmigración, ya que los
flujos inmigratorios de la década de 2000 (especialmente de América Latina,
África y Europa del Este) rejuvenecieron temporalmente la pirámide y
contribuyeron a sostener la natalidad. Sin embargo, la crisis de 2008 redujo
estos flujos y muchos inmigrantes retornaron a sus países.
La emigración de jóvenes producida por la crisis económica
de 2008-2014 provocó la emigración de decenas de miles de jóvenes españoles
cualificados hacia otros países de la UE (Alemania, Reino Unido, Francia), lo
que contribuyó al adelgazamiento de las cohortes jóvenes.
Otra característica de esta pirámide es el aumento de la
esperanza de vida por los avances en sanidad, alimentación y calidad de vida.
Esto ha reducido la mortalidad en todas las edades, especialmente en las edades
avanzadas. Hay que destacar la mayor esperanza de vida de las mujeres debido a
su antiguo papel social, ya que no desempeñaban trabajos de riesgo ni tenían
vicios sociales. La mortalidad infantil actualmente es casi residual (menos de
3 por mil).
c)
Las consecuencias demográficas, sociales
y económicas.
La noticia nos indica que hemos perdido población, por primera
vez, desde el año 2016. Las causas de esta situación, según los datos del INE,
se deben a dos factores: el crecimiento vegetativo (nacimientos menos defunciones)
negativo y al saldo migratorio (inmigrantes menos emigrantes) casi nulo.
Debemos tener en cuenta que desde 2015, crecimiento vegetativo
el tiende a ser negativo en España, lo que hace depender el crecimiento
demográfico de la inmigración. El descenso de la natalidad y el aumento de la
esperanza de vida supone un envejecimiento de la población. En 2021 casi el 20
% de la población española tenía más de 65 años; las proyecciones del INE
apuntan a que este porcentaje superará el 30 % en 2050. Esto supone que no se alcanza
el reemplazo generacional y por ende, no se puede asegurar el Estado del
Bienestar.
El elevado porcentaje de población anciana conlleva un
aumento la demanda de servicios sociosanitarios, pensiones y cuidados a
personas dependientes. El descenso de la
población adulta supone un aumento de la presión sobre el sistema de pensiones.
Así, la reducción del número de activos cotizantes frente al aumento de los
pensionistas pone en riesgo la sostenibilidad del sistema de Seguridad Social,
lo que ha supuesto el retraso en la edad de jubilación de los 65 a los 67 años.
Este envejecimiento de la población presenta desequilibrios
territoriales. El envejecimiento es más intenso en las zonas rurales y en las
provincias de la España vaciada, donde la ausencia de jóvenes y la emigración
histórica han generado pirámides todavía más envejecidas que la media nacional.
La falta de natalidad supondrá que tampoco se alcanzará el
relevo generacional en el mercado laboral ya que cada vez se incorporan
cohortes jóvenes, que son más reducidas, lo que puede generar escasez de mano
de obra en determinados sectores, con efectos inflacionistas sobre los
salarios. Este porcentaje cada vez menor
de población activa deberá sostener el Estado del Bienestar, por lo que tendrán
que sostenerlo pagando más impuestos. Si la coyuntura económica lo permite, la
llegada de inmigrantes para trabajar, puede ser la solución para estos retos
demográficos en las sociedades desarrolladas.
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